El Idealismo Hegeliano
Georg
Wilhelm Friedrich Hegel nació en Stutgar,
Alemania, el 27 de agosto de 1770, su formación académica superior se
desarrolló a la par de la Revolución Francesa, por cuyos ideales se vio
fuertemente influido y la que rechazó tras el terror jacobino.
Su
pensamiento se inscribe dentro de la tradición filosófica idealista alemana,
sin embargo, busca incorporar elementos de otras corrientes de la historia del
pensamiento tales como el realismo, el empirismo, el naturalismo, etc., para
enriquecer su propuesta de un idealismo objetivo en el que se lograra reflejar
al ser en su totalidad.
Su
sistema filosófico se caracteriza por su racionalismo absoluto, basado en la
dialéctica, es decir, una progresión de razonamientos que tras el análisis de
una contradicción llevan a la solución de la misma, que a la vez puede ser una
nueva afirmación del siguiente movimiento dentro de una realidad dinámica que
permanece en constante cambio.
La dialéctica
hegeliana consta de tres elementos clave: una tesis (afirmación,
momento abstracto o intelectual), una antítesis (contradicción inherente,
momento dialéctico o negativo-racional) y una síntesis (solución, donde
los momentos anteriores son a la vez eliminados y conservados, elevándolos a un
plano superior, enriqueciéndolos y perfeccionándolos). Al término de cada movimiento, la síntesis se
convierte en la tesis del siguiente movimiento y el ciclo comienza de nuevo.
Teniendo
en cuenta que para Hegel el punto de partida, es Dios, la totalidad del ser, el
“Logos”, el “espíritu absoluto”, o cualquier otro término que se emplee para
referirse a este; emplea las siguientes categorías: Esta inteligencia suprema
es el sujeto que conoce, pero a la vez es objeto o realidad concebida,
fura de la cual nada existe, el logos se conoce a sí mismo, siendo a la vez
sujeto y objeto; además es conocimiento, pensamiento e ideas
dentro de su realidad espiritual, lazo que une e identifica sujeto, objeto y
pensamiento. Entonces, las categorías
básicas son: la variación, dentro del cambio histórico de incesante sucesión de
acontecimientos; la negatividad, del espíritu que se encuentra en permanente
transformación, destruyéndose y construyéndose a si mismo; la razón,
rectora del mundo, sustancia de la historia, que transcurre de acuerdo a leyes
que permiten explicarla; y finalmente, la libertad, principio fundamental de
la historia, en cuya última expresión se llega a la autoconciencia.
Para
llegar al autoconocimiento hay tres pasos: la razón subjetiva, donde a
través del individuo se desarrolla el espíritu universal; la razón
objetiva conseguida a través de
la sociedad y las instituciones; y la razón absoluta, concentrada en el
arte, la religión y la filosofía, esta última siendo el espejo del espíritu
universal.
Bibliografía:
d'Hondt, J. (2008). El Idealismo y el Sistema
Hegeliano. Obtenido de [Fragmentos] - Enciclopaedia Universalis: www.alcoberro.info
Viau, G. (11 de Marzo
de 2012). Hegel y el idealismo hegeliano.
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