martes, 18 de diciembre de 2012

Carlos Marx


Lenin. (1979). Carlos Marx. En Lenin, Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo (págs. 11-44). Moscú: Progreso.
Carlos Marx nació en Tréveris, Alemania el 5 de mayo de 1818, estudió derecho en las universidades de Bonn y Berlín, especializándose en Historia y Filosofía, durante su formación recibió varias influencias que le fueron marcando, primero de Hegel, con su idealismo del que luego renegara conservando lo relativo a la dialéctica; luego de Feuerbach, en su acercamiento al materialismo.  Activo participante en los movimientos de izquierda, sobre todo en la difusión de la ideología a través de publicaciones como la Gaceta del Rin y diversos manifiestos, entre los que destaca el Manifiesto del Partido Comunista para sustentar el segundo congreso del a Liga de Comunistas  realizado en Londres en 1848; fue expulsado de diversos países por considerarlo subversivo; para comenzar, su propia patria, luego de Francia y Bélgica, instalándose de manera definitiva en Inglaterra donde pasaría tiempos difíciles y penurias económicas, y hubiera perecido al poco tiempo, a no ser por la ayuda de su colega y amigo Federico Engels.  Finalmente, falleció el 14 de Marzo de 1883 dejando inconclusa la compilación de su obra cumbre, El Capital, aunque sus escritos y apuntes permitieron a Engels llegar a una versión aceptable de lo que pudiera haber sido en las propias manos del autor.
Se le considera como continuador de tres de las corrientes ideológicas principales del siglo XIX: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa y el socialismo francés, que continúan en su obra como el materialismo filosófico, la dialéctica y la concepción materialista de la historia; su doctrina económica reflejada en ‘El Capital’ y el socialismo marxista respectivamente.
El materialismo filosófico comienza a perfilarlo tras su ruptura con el idealismo hegeliano; ahora para Marx, “lo ideal no es más que lo material transpuesto y traducido en la cabeza del hombre.” El movimiento es la forma de existencia de la materia; no existe materia sin movimiento ni movimiento sin materia y el pensamiento y la conciencia, como productos del cerebro humano no se contradicen, sino que armonizan con la propia naturaleza que les da sustento y la dialéctica es la piedra de toque de la naturaleza, la que permite la transformación de la necesidad en libertad, de la cosa en sí, no conocida pero cognoscible.  La dialéctica es por tanto la ciencia de las leyes generales del movimiento y la transformación, del mundo y del pensamiento como parte de la naturaleza. Y por supuesto, el movimiento de la sociedad solo puede ser explicado si se consideran los principios dinámicos de evolución a través de la historia.
El hilo conductor que permite explicar el conflicto en la sociedades, donde se presentan choques de aspiraciones, contradicciones, lucha entre pueblos, etc; es la lucha de clases, entre hombres libres y esclavos, nobles y plebeyos, señores y ciervos, el opresor y el oprimido enfrentados en las diversas etapas por las que ha atravesado la historia de la humanidad, ahora este conflicto se presenta entre el capitalista-burgués y el trabajador asalariado, el proletario; mientras que las demás clases que aún sobreviven estarían destinadas a ser absorbidas eventualmente por el proletariado, en oposición  al burgués cuando asumieran que la manera de liberarse es la lucha contra el opresor y no solo la defensa de la propia subsistencia.
La doctrina económica de Marx se centra en el análisis de las relaciones de producción, y, para la sociedad capitalista actual, en la producción de mercancías, estos objetos satisfactores de necesidades y susceptibles a ser cambiados por otros, cuyas características de valor de uso y valor de cambio, asociadas al tiempo social del trabajo necesario para producirlas y el pago que el capitalista hace por la fuerza del trabajo del hombre, permiten la aparición de la plusvalía, en el momento que, al carecer de hacienda o medios de producción dada la creciente brecha económica entre explotador y explotado, el trabajador tiene que compensar con tiempo de trabajo la ambición del acaparador para que éste pague solo una fracción de lo que debería y esto le permita subsistir al trabajador y su familia; situación agravada por la creciente cantidad de mano de obra disponible por la elevada natalidad registrada por la clase trabajadora.  Eso  lleva a que el trabajador esté dispuesto a trabajar por menos frente a la opción de quedarse sin trabajo.
El socialismo es la etapa ideal de la sociedad, ese nuevo comunismo al que se aspira con la lucha de clases, cuando se le expropien los medios de producción al capitalista y el obrero proletario, preparado y consciente de su papel en la sociedad, asuma su responsabilidad y trabaje para el bienestar no solo propio, sino del común, se trata de la conquista no solo económica, sino también política, estableciendo la “dictadura del proletariado” al asumir el poder político.  El proceso culminaría en la extinción del Estado.

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